El dedoEn un lugar de la provincia de Córdoba cercano a Cerro Colorado, el hogar de Atahualpa Yupanqui, se encuentra Caminiaga, pequeña localidad a la que en 1983 llega la oportunidad, por primera vez en su tranquila historia, de votar para intendente. Los rumores recorrerán el pueblo de voz en voz confiando en que Baldomero (Martín Seefeld) presentará su postulación. De este acontecimiento se desprende la narrativa del film, contada de manera evocativa por tres personajes que participaron de aquellos acontecimientos que señalaban la llegada de la democracia, así como la trifulca que cabalga a su lado y el enredo que suscita. Baldomero ha sido asesinado y la investigación sobre su muerte puesta en marcha en un lugar, claro, en donde el ritmo es otro. Sentados en una banca de lo que seguramente será un pueblo transformado por el transcurso de los años, los personajes se disponen a contar en un formato blanco y negro lo que habría de desencadenarse en ese momento en el que, seguramente,  se sintieron partícipes de la Historia.  

El primer film de Sergio Teubal, El dedo, esquivo de las resoluciones simplistas que han hecho de la comedia un artilugio del consumo fácil y desprendido del cine comercial, se dedica a reinventar el género de forma sutil y contenida. El humor negro y ligero que atraviesa la película hasta convertirla en un absurdo nos muestra las dos caras que construyen su equilibrio: la bondad de la sencillez y la complejidad implícita en la sátira.

Una extraordinaria puesta en escena reconstruye los días de antaño en los que un pueblo muestra todas sus facetas desde una vieja tienda de abarrotes, lugar y espacio de toda interacción social, en la que se desentraña el misterio de un asesinato y se fragua una muy particular candidatura. Para enfrentar las oscuras intenciones a ganar la intendencia de Don Hidalgo (Sergio Goity), un personaje caciquil de prácticas corruptas, los habitantes del lugar deciden postular a un dedo para la candidatura de dicho lugar. El dedo, resto de Baldomero y símbolo de la venganza a perpetrar, será custodiado por Florencio (Fabian Vena) quien lo mantiene sobre una vitrina del viejo almacén. “Basado en un dedo real” e inspirado por la novela del escritor cordobés Alberto Assardourian, el film de Teubal se dispone a encantar.

Como es de esperarse, el objeto empieza a llamar en torno a sí toda la atención del pueblo, que le adjudica supersticiosamente todo tipo de atributos y poderes.  Inteligente y lúdica, la propuesta de Teubal pone al servicio del humor todas sus armas. Con una tesitura de western que ha sido abandonado por los cowboys y sustituido por la idiosincrasia de un “pueblo chico e infierno grande”, la simplicidad de los sucesos se acompaña de una estética cuidada. La fotografía es digna del paisaje cordobés que retrata y los espacios abiertos funcionan como marco y límite de la vida común del lugar. La música, por otro lado, funciona como contrapunto de las situaciones cómicas y de la contención de un trabajo actoral notable, especialmente de un Fabian Vena que nunca puede liberar esa presión que mantiene a su personaje en los lindes entre la seriedad y el absurdo.

 P.D. El Festival Internacional de Guadalajara premió el viernes pasado a este film con el palmarés de la Mejor Ópera Prima. En horabuena.

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