Luisa y   Salomón

“El sentido común nos dice que las cosas de la tierra existen sólo escasamente, y que la verdadera realidad está únicamente en los sueños. Para digerir tanto la felicidad natural cuanto la artificial, es ante todo necesario tener el valor de tragarla; y quienes quizá fuesen merecedores de la felicidad, tal como la conciben los mortales, les ha hecho siempre el efecto de un vomitivo” Baudelaire  

Este film mexicano-holandés que sigue al libro de Baudelaire apropiándose de su nombre, nos sitúa en un espacio prácticamente virgen en la costa del Golfo veracruzano, los Tuxtlas de verdes y amplios horizontes oceánicos. Lentamente nos iremos adentrando en la vida cotidiana de un lugar prácticamente deshabitado, los pocos personajes que conforman la narración aparecerán sutilmente, observados por la mirada de Yulene Olaizola quien los deja hacer y contemplar al ritmo de un tiempo perdido en la espesura de la selva que los rodea.  La duración del film abrirá el espacio para un encuentro entre Luisa y Salomón, desde un inicio se yuxtaponen escenas en las que se nos muestra la vida de ambos personajes en solitario. Ella, fumando insistentemente, contemplando con la mirada perdida el mar, la esquina de un pequeño cuarto, la selva y la montaña. Sólo más adelante nos enteraremos de una adicción a la heroína  que desquiciará su supuesta tranquilidad.  Él, un personaje que trabaja cortando la milpa, tejiendo la red, barriendo las hojas, acompañando las horas del día mientras fuma mota.

En su forma el film de Olaizola encuentra hermosos planos a distancia de los alrededores, así como primeros planos de la emotividad que mueve a los personajes. Un contraste entre la imponente belleza del exterior y la conflictiva afección que asedia a quienes habitan la dimensión natural y artificial de dicho paraíso. Con recursos técnicos mínimos se deshilvana la historia de una amistad que sólo llega a reconocerse en pequeños momentos, todos ellos ejercitando siempre una contención sensible nunca liberada. Al final,  la tensión que construye tanto el proceso afectivo como narrativo del relato se difiere, queda abierta a una posibilidad para nosotros desconocida; así como las historias de estos personajes que nos hablan sólo desde el presente en el que están inmersos.  

El film logra generar una interesante empatía con el público, toca ciertas fibras sensibles de una discusión que está lejos de ser abordada seriamente en nuestro país. Tiene la fortuna del lugar -el fondo de la montaña y el ruido de lo natural- así como la de sus personajes entrañables. Una buena actuación de Luisa Pardo (único actor profesional en este entramado) y la figura de Salomón, quién aparece al film narrando lo único que tiene: la aspereza de su historia personal y la misteriosa forma de ver un mundo que es para nosotros prácticamente uno de ensueño. Finalmente una mirada que sabe seguir pacientemente el curso decantado de quienes se encuentran para despedirse y tejer en el proceso el fino hilo narrativo de una amistad que no quiere llamarse de esa forma.