En el futuro_03Recorreremos escenarios y episodios en los que diferentes personajes desplegarán, una y otra vez, el diálogo que los convoca, que los teje unos a otros, a pesar de su distancia, autonomía  y diferencia. Cada una de las piezas relata una historia en la que se evoca a algún personaje siempre ausente, moviendo con su desaparición el motivo e intención de aquello que se dice y al decirse, se busca. El mundo de Andrizzi se inaugura con besos y fantasmas. Unos primeros planos de personas besándose que anuncian quizá aquello que aflorará a la vista de quien se acerca cual voyeur a desentrañar una serie de momentos íntimos. Después, el relato de quién ya no habita este mundo y al haberse separado de él se convierte en un sutil testigo de los rumores que lo arman y desarman.

Un relato que desanda los senderos de aquellas singularidades que hablan ante y para la cámara. Alguien, una presencia fantasmática, los ha convocado sin motivo aparente a que hablen de sus relaciones, de lo que esperan, de lo que se ha perdido, de lo que ocurre entre ellos.  El diálogo en todas sus formas constituye la regla de oro del tercer largometraje de este director argentino. Nos ofrece la peculiaridad de quién habla mientras cuenta una historia, provocando los diferentes registros del imaginario de un espectador que ha de fantasear sobre los sucesos y construir sus relaciones afectivas con lo que escucha.

Aquello que se muestra es solo la superficie de lo que aparece y sólo bordeando los márgenes de la palabra hablada, de la imagen en blanco y negro, es que nos permite entrar en el mundo particular de una vida que se encuentra en aquel umbral que es la conversación en la que se entrelazan el pasado y el presente, siempre en la antesala de un futuro al que están expectantes. “Todos los personajes”, nos dice Andrizzi al terminar la proyección del film, están esperando en este presente incierto, un futuro que los rescate.” El diálogo al que se abren estos sujetos contiene una terapéutica sobre el mundo del tiempo y su duración. Una evocación de lo que ha de venir a través de representar lo sucedido.

Una teatralidad obscena construye la forma del film: la ausencia de los personajes sobre los que se habla, la imposibilidad de ver aquello que se sugiere, la distancia que separa el relato de la presencia, las diferentes tecnologías del relato, la música, la palabra, el sonido y la imagen, entrecruzándose, interrumpiéndose unas a otras. Una estética que nos ofrece guiños de los objetos, los gestos, la palabra en la oscuridad, unas escaleras vacías: toda una gramática del fuera de campo que nos sugiere en un acto de seducción aquello que quedará al espectador quien ávido juguetea con el hilo narrativo de lo que siempre permanecerá inasible.     

Una serie de tecnologías cruzan el camino de quién relata. Un inesperada llamada telefónica, un libro cuyo título lleva inscrito el desasosiego, un video en donde se nos muestra la presencia fantasmática que no puede ser sino evocada en un diálogo entre amigas, la pornografía y la fotografía “aquellas impresas en papel y después digitales”, las llamadas telefónicas que separan a quienes entre ellas se encuentran, los correos electrónicos cruzando el espacio de estos desencuentros. La dimensión del fantasma y de la imagen como ha sido diferida por los aparatos y dispositivos de la representación, todo ello retratado en el cine, con minuciosidad y recurso. Un fino ejemplo del arte de contar, y pensar, en imágenes.