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En la recta final del Festival comienzan los homenajes y el día de ayer tuvo lugar la entrega del premio Donostia al actor inglés Sir Ian McKellen en un reconocimiento a su trayectoria.
Cuestionado por unas cuantas voces locales por considerarlo de bajo perfil mediático –afortunadamente se reconoce a un gran actor y no necesariamente a una estrella-, la prensa internacional ha cerrado filas alrededor de una carrera impecable recordando que el trabajo de Mc Kellen es mucho más que lo realizado en El Señor de los anillos o X-Men.
Veterano consagrado del teatro isabelino y protagonista de adaptaciones del mismo tan importantes como Ricardo tercero (Richard Loncraine, 1995) y de clásicos modernos sobre la maldad como Dioses y monstruos (James Whale,1998) vale recordar que Sir Ian ha sido también pionero en la reivindicación de los derechos de la comunidad gay en un medio que por muchos años ha vivido una doble moral.
Regresando a las proyecciones de la selección oficial en la sexta jornada destaca por sobre todas las películas en concurso la turca 10 a 11 de la realizadora Pelin Esmer.
Poseedora de un ritmo muy particular y tomando como punto de partida un personaje de la vida real-Mithat Esmer, un anciano coleccionista, tío de la directora- 10 a 11 es una fábula moderna sobre la soledad y la tolerancia y una reflexión profunda alrededor de los alcances y límites que las personas se auto imponen.
La propuesta no podría ser más arriesgada ya que mezclar actores profesionales con personajes que se interpretan a si mismos no suena muy recomendable en el papel. Sin embargo, el resultado es brillante y, la relación del viejo coleccionista y el portero de su edificio, no podría ser más empática y entrañable. Coleccionar se convierte en algo más que acumular cosas y , gracias al talento de la directora, se traduce en una hermosa manera de tender un puente entre el pasado y el presente.
Construidas también alrededor de la tolerancia valen la pena la coproducción franco-inglesa-argelina London River de Rachid Bouchareb –que ganó el premio al mejor actor en el Festival de cine de Berlín- y la comedia negra chilena Ilusiones ópticas de Christian Jiménez que retrata con ironía la vida de una serie de perdedores llenos de encanto durante el frío invierno de Valdivia.
La decepción del día resultó sin duda Los condenados de Isaki Lacuesta que, con una presencia publicitaria impresionante en la ciudad, resulta plana y densa en exceso y está muy lejos de la calidad de las cintas con las que debe competir.
¿Cómo regresar al cine después de ver algo que no satisface? Llenando el tanque con dos copas de un sabroso tinto somontano joven y pintxos de Solomillo con espárragos trigueros, jabugo con anchoas y tomate cherry y mini croquetas de queso Idiazabal. De postre: un helado de turrón.
Mañana, el esperado regreso de Terry Gilliam y lo nuevo de Rodrigo García.

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