por David Miklos

Lo primero que pensé luego de ver The Limits of Control (2009), la película más reciente de Jim Jarmusch, fue que me remitía a The End of Violence (1997), de Wim Wenders, aunque mi recuerdo de este último filme es vago y lo primero que me viene a la mente es el cartel con el que se promovió, que no puede ser más que la evocación de Nighthawks, un famoso y muy explotado cuadro de Edward Hopper.

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Nighthawks- Edward Hooper

Para refrescarme la memoria, recurro a la reseña que de la obra de Wenders hiciera Stephen Holden en el New York Times, el 12 de septiembre de 1997. Una frase llama mi atención y, en cierto modo, verifica el símil establecido por mi cabeza: “If some viewers are bothered by the movie’s sacrifice of realism for the sake of intellectual musing, so be it.” [Si a algunos espectadores les molesta el sacrificio del realismo en beneficio de la meditación intelectual, que así sea.] La reseña de Holden es positiva en extremo –el filme, en realidad, es bastante malo; y menor dentro de la filmografía de Wenders– y lleva la marca de las elegidas por los críticos del diario neoyorquino. Así las cosas, no deja de ser curioso lo que sobre la película de Jarmusch anota Manohla Darghis, a casi 12 años de distancia, el 1 de mayo de 2009: “It’s a lousy letdown, at once naïve and too freighted with real-life meaning for a film that — as its thick accretion of pop-cultural and literary quotations indicates — leans so heavily on outside sources for substance and depth. […] [It’s] a nondramatic work best appreciated as a pure image-and-sound event.” [Es una malísima decepción, a la vez inocente y demasiado cargada de sentido de realidad para un filme que, así como indica su espesa acumulación de referencias populares y literarias, recurre a fuentes externas para dotarla de sustancia y profundidad. Es una obra no-dramática que se aprecia mejor como un suceso de imagen y sonido en estado puro.] La película, una de las mejores que se hayan estrenado este año –superior, con creces, a la malograda película de Wenders que aquí se menciona–, no goza del sello de las elegidas del diario, y la admiración inicial de Darghis en su nota cede ante su evidente repulsión ante la naturaleza y el desarrollo del filme, que no es otra cosa sino un notable manifiesto que celebra la imaginación y la creatividad por encima de la vigilancia y el ojo por ojo –las herramientas últimas del control, pues– instaurado por la administración Bush, el gran legado al que Jarmusch le asesta una elegante bofetada.

*Vínculos a las críticas citadas:

Sobre Jarmusch:

http://movies.nytimes.com/2009/05/01/movies/01limi.html

Sobre Wenders: http://movies.nytimes.com/movie/review?res=9E04EED71339F931A2575AC0A961958260&scp=1&sq=the%20end%20of%20violence&st=cse