“Las Cenizas de la Luz” (2005)

Dir. Majid Majidi. Irán.

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“Las Cenizas de la Luz” (2005) del director Majid Majidi atrapa al espectador a través de cuestionar los prejuicios del difícil tema de la ceguera, que tan de moda estuvo en Hollywood. Sin sensiblerías, narraciones grandilocuentes ni alegorías mesiánicas, el cineasta logra construir una cruda metáfora de lo que puede ser una visión de la historia personal de cada espectador.

Un profesor iraní de literatura, privado de la vista desde los ocho años, con una vida intelectual y personal aparentemente plena, constituye el centro de la historia. El protagonista vive en una comunidad familiar que lo arropa y lo impulsa constantemente. Sin embargo, la noticia de una operación que le permitirá recuperar la vista, articula la odisea de su regreso al mundo visible. Dicha etapa comienza con una entrañable secuencia, donde presa de su impaciencia, decide comprobar si la intervención fue un éxito aún antes de la fecha señalada por los médicos. Yousseff se quita las vendas de los ojos, todavía mal heridos y eufórico comienza una vida nueva, que arranca en una celebración de alegría por los pasillos del hospital.

Y es aquí donde el director  ajusta con precisión y acierto el tono de la cinta: evita las tentaciones de los sentimentalismos baratos del descubrimiento extático de un mundo nuevo, donde subyaciera la moraleja de “la belleza de cada cosa simple, que damos por sentada los que gozamos del privilegio de la vista”. Majidi nos transporta a descubrimientos más vastos y profundos de la ambivalencia humana.

El regreso de Yousseff a su país marca el interés del ojo cinematográfico: en el aeropuerto, en un escandalosa recepción por parte de su familia y amigos detrás del vidrio de llegada, el personaje principal en estado de shock intenta ubicar los rostros de sus relaciones, en una metáfora del encuentro y desencuentro con su mundo afectivo.

Ver a otros ciegos desata en al protagonista hacia un episodio prácticamente de locura y furia, y atestiguamos su proceso de reconfiguración de su identidad ante esta nueva condición. Lejos quedan las frases simplistas que podrían dar un sentido a esta etapa de la narración, como sería “Yousseff recibe el regalo de la vista”.

Aunque aparentemente el personaje se transforma en un ser iracundo y mal agradecido, el filme pone en cuestionamiento si se puede vivir dentro de la conmiseración de los integrantes de su entorno, y lo lleva a tal punto, que este hombre prácticamente vomita la piadosa actitud en la que se ha visto envuelto durante años, incluso si fue por necesidad. Cualquiera que sea el partido que tome el espectador, su mente quedará nublada por la vorágine de cuestionamientos que “Las Cenizas de la Luz” dejan entrever, al grado que retomará la polémica y el inesperado final del filme varios días después, en una suerte de ecos del propio pasado…