Están indignados por los Arieles. Sin embargo, habemos personas a las que nos parece que esta declaración de principios le hace bien al cine (privilegiando el arte sobre la industria). Al final, la industria no gana nada con los Arieles, nunca lo ha hecho.

 

El mismo día que se dieron a conocer las nominaciones, hablaba con un par de amigos directores sobre el tema, coincidiendo que los Arieles son de flojera y a nadie importan, que ni siquiera tienen un rigor estimable. Pero que este año, por lo menos en la categoría principal, eso cambió un poco. Me parece que sí estaba lo mejor, o casi (yo sí vi las cuatro películas, para eso son también los festivales). Y es un aliciente para la gente que hace cine, que se arriesga, pero no con dinero, por favor, con ideas. Porque el público, claro que está perdido de antemano. Y habría que preguntarse, seriamente, por qué. ¿Tiene algo que ver el Ariel en eso? ¿O es un status quo casi imposible de cambiar? ¿Intereses creados? ¿A alguien le suena? Y porque también hay público tonto, pero por supuesto. Y también público inteligente. El asunto es cuál queremos fomentar, cuál queremos ser.

 

Y la comparación con los Óscares… bueno, es tan inocente como querer comparar el gobierno esperanzador de Obama con alguno de Latinoamérica, por ejemplo, el de Evo Morales. Es desconocer el contexto, supuestamente una máxima del periodismo. Intentar presionar para que nuestros premios se parezcan más a los hollywoodenses, es abogar por un tipo de cine complaciente (y ahí está Slumdog, o Una mente brillante, o Rocky, o…). Es endiosar a Spielberg por encima de Bresson o Buñuel. De Paul Thomas Anderson, o hasta de Scorsese (que vaya que le deben todavía varias, como más de diez). Así de simple.

 

La percepción de la realidad depende de las prioridades de cada uno, de sus expectativas (en este caso, acerca de las películas). Y hay quien lleva la máquina mercadotécnica tatuada en la frente. Abogar por el público, así, en general, me suena a la famosa trampa demagógica, a la ya tristemente frase célebre del viejo zar de la tele: Si lo hacemos para ustedes, los jodidos. Y se supone que tenemos que agradecerlo… Ni madres.

 

A varios les emocionó Arráncame la vida, a mí me pareció apenas entretenida… Y luego Rudo y cursi… y La misma luna… y Navidad, S.A… ¿Pero de qué estamos hablando? Reto a cualquiera a que sostenga, más allá de los números, con argumentos sólidos, que alguna de estas películas es mejor que Los herederos o que Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo, las que al parecer son las que más molestia causaron, por el simple pecado de ser… documentales. ¿Cómo se atreven? Si ni siquiera son películas, son… documentales (o peor aún, ¡ejercicios escolares!). Si ni siquiera tienen distribuidor (¡Dios! ¡El argumento más ignorante y descarado que he leído jamás!).

 

Lo gracioso es que algunas de estas diferencias sí son entre amigos, entre la misma familia cinematográfica. Es como el típico mi mamá me quiere más a mí. Y es absolutamente normal que haya quien se sienta menospreciado, incluso con razón. Pero que alguien se adjudique el papel de defensor de las mayorías, o de la democracia, vaya, sí que están errando el tiro. Porque a nadie engañan, esas voces no hablaron desde la humildad, al contrario.

 

Ya veremos si esta política de premios continúa. La de valorar las películas simple y llanamente por sus méritos cinematográficos. Si algunos no entienden cuáles son éstos, pues a leer un poquito, que bibliografía hay. O a ver un poco de cine, del de verdad: Fellini, Godard, Antonioni, Fuller, Haneke… Por lo pronto, las consideradas en la no-terna de mejores películas del 2008 por la Academia Mexicana coinciden bastante con lo que pienso (no hablaré por nadie más, aunque reconozco los bandos). Lo más lamentable sería que, gracias a las presiones de los grupos de interés lastimados (con poder, claro está), y a los cabildeos en los oscurito, el próximo año estuvieran nominadas otra vez las películas de los cuates. Me consta que la gente de las cuatro de este año, no lo son.

 

¡Salud!

 

Fernando del Razo. Guionista y productor.

 

P.D. Aquí va un link de uno de los textos emblemáticos de esta controversia: http://www.eluniversal.com.mx/columnas/77530.html