modigliani_the_movieEl día de ayer observaba con relativa atención el film de Mick Davis Modigliani (2004), resulta interesante sólo por el contexto y ebullición de la vida artística en Paris hacia finales de la primera década del siglo XX. Si bien esta película se centra más en el carácter narrativo y dramático de la historia, no deja de presentar un reto a la forma cinematográfica al poner en escena la ya antigua discusión entre los discursos estéticos de la pintura y el cine, o mejor dicho aún, la forma en la que la pintura se ve a sí misma después del cine, la manera en la que el cine ve a la pintura. Lejos de reflexiones formales como las de Rivette, Godard o Greenaway, sobre la relación entre la imagen cinematográfica y el fenómeno pictórico, el film de Davis se concentra en la historia. Sin embargo, sirve como provocación para volver al cajón de los papeles y hurgar en las palabras de quienes se han dedicado a conjurar las dificultades de la representación. Dejo flotando entonces una de esas citas que vuelven sobre aquel umbral en el que la pintura y el cine se encuentran disfrazados por la alegoría del mago y el cirujano: 

El cirujano representa aquí uno de los polos en un ordenen el que el otro lo está ocupando el mago. La actitud del mago, el cual cura al enfermo por la sola imposición de manos, es diferente de la del cirujano, que interviene al enfermo. Pues el mago mantiene la distancia natural que ha de existir entre él y el paciente; dicho con mayor exactitud: la disminuye un poco -por la imposición de las manos- mientras la aumenta mucho -por su autoridad-. Pero el cirujano se comporta justamente a la inversa: él disminuye mucho la distancia que le separa del paciente -dado que penetra en su interior- mientras que la aumenta sólo un poco -en virtud del cuidado con que mueve su mano entre los órganos-. En una palabra: a diferencia del mago (qué aún se oculta en la figura del médico de cabecera), en el instante decisivo el cirujano renuncia a enfrentarse con su enfermo digamos de hombre a hombre; se adentra en él operativamente. Pero entre sí, mago y cirujano se relacionan como el pintor y el cámara. El pintor observa en su trabajo la natural distancia con lo dado, y él cámara, en cambio, penetra a su vez profundamente en la red de los datos. Las imágenes que obtienen uno y otro son enormemente diferentes. La del pintor es total: múltiplemente troceada la del cámara, cuyas partes se juntan según una ley nueva. Así, para el hombre actual, la representación cinematográfica de la realidad es incomparablemente más significativa porque, precisamente, en razón de esa tan intensa penetración con el aparato, garantiza el aspecto de lo real libre de aparatos que el tiene el derecho de exigir de la obra de arte. 

Walter Benjamin, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” en Obras. libro I vol.2. Madrid:Abada, 2008.