Hace unos días, la policía tailandesa encontró el cuerpo sin vida de David Carradine colgado en el cuarto de hotel donde se hospedaba para el rodaje de la película “Stretch”.

A los 72 años Carradine no era precisamente un bebé, pero tampoco estaba en edad de morirse y mucho menos bajo circunstancias tan extrañas como las que han descrito los periódicos estos últimos días (The New York Times, Variety,  The Hollywood reporter) cincunstancias  que además de ser intrínsecamente difíciles, traen consigo la mala distracción de hacernos pensar más en su muerte que en su vida.

Sin embargo este post no pretende redimir esa tendencia; en realidad no pretende  mayor cosa que mostrar las caras de Carradine que yo, de manera arbitraria,  considero más dignas de recordar. 

Primero su batalla contra Brandon Lee en la escena culminante de “Kung Fu: The Movie”, cinta con la que mi hermano me torturaba en la remota infancia, y que  ayer  me hizo inmensamente feliz encontrar en YouTube  (quizá por la nostalgia inevitable que trae una pelea entre dos hombres míticos que ya no volveremos a ver).

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Después su monólogo de Superman en Kill Bill Vol. II, gran momento redentor y catártico en una película que estaba urgida de uno:

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Dos caras del tipo fantástico que, con esas o con otras, todos vamos a recordar.